Del Barrio al Super Bowl: Cultura Latina al Frente
By: Brianna Alvarez
Photo credits: The New Yorker
Ya sea que fueras fan de Bad Bunny desde el día uno, calentando las cuerdas vocales como si fueras a dar tu el concierto, o un frat boy de la uni que apostó todo su Venmo a que iba a salir Travis Scott de sorpresa, todo el mundo tenía los ojos pegados a la pantalla. Los grupos de Whats estuvieron activos, los snacks equis, y las expectativas por los cielos. Pero lo que pasó no fue solo un concierto, fue un momento cultural.
El show de medio tiempo de este Super Bowl no solo entretuvo, comunicó lo que es ser latino. Y para muchísimos latinos viendo desde Estados Unidos, o por el mundo, se sintió como verse al centro del escenario deportivo más grande del país, no como “toque latino”, no como segmento especial, sino como el acto principal.
Y eso importa. Muchísimo.
En un clima político donde la inmigración, el idioma, la identidad y el sentido de pertenencia siempre están en debate—muchas veces por gente que ni vive esas realidades—ver a un artista global en español dominar el escenario más visto del país pega distinto. No es una representación sutil. Es visibilidad fuerte, intencional y sin pedir perdón.
Bad Bunny no solo cantó, sino que armó una narrativa.
Abrir con un hit gigante mientras aparecían visuales de trabajadores en el campo no fue una estética al azar. Fue un guiño directo a la base de la historia y del trabajo — campesinos, comunidades migrantes, y gente que sostiene economías completas pero casi nunca recibe el reflector. Cambió quién se presenta como figura heroica. En vez de pura imagen pulida de celebridad, vimos memoria cultural y homenaje. Eso es contar historias, no solo montar un escenario.
Y luego llegaron los invitados, y la gente en redes sociales perdió completamente la calma como por doce horas seguidas.
La aparición de Lady Gaga sorprendió a muchos, especialmente considerando que había tantas colaboradoras latinas. Pero la decisión no se sintió como reemplazo, se sintió como puente. No diluyó el show pero amplió la mesa. El mensaje se sintió claro: la cultura latina no está aislada, colabora, influye y lidera. Si quieres entrar, entras a nuestro ritmo, nuestro sonido, nuestra casa. No al revés.
Photo credits: Vogue
Hasta los detalles pequeños: el diseño del set, las texturas de la ropa, el estilo de coreografía, y los arreglos musicales funcionaron como “easter eggs” culturales. Paletas de color caribeñas. Ritmos con raíz afroantillana. Siluetas de streetwear mezcladas con elementos tradicionales. Todo en capas, todo intencional, como carta de amor visual a la identidad latina sin caer en caricaturas.
Y quizá lo más poderoso fue que no lo sobreexplicó.
Sin notas culturales. Sin disculpas por cantar en español. Sin hacerlo más “digerible” para otros públicos. La presentación confió en que la audiencia iba a entender, o aprender. Y eso es un movimiento silenciosamente poderoso. La representación no siempre tiene que pedir permiso ni traer subtítulos.
Para muchos latinos, especialmente jóvenes, el momento se sintió como validación. Tu idioma pertenece aquí. Tu música pertenece aquí. Tu cultura no es “extraña”. Es nivel estadio.
Sí, fue un show de medio tiempo. Pero también fue una declaración: no somos invitados en esta historia. Somos quienes la estamos escribiendo.
¿Y la verdad? Ya era tiempo.

